La alergia al polvo doméstico habitualmente se debe a una hipersensibilidad a los restos de los 'ácaros del polvo', artrópodos microscópicos que tienen su ecosistema propio en el polvo de las casas (almacenes, granjas, etc.). Su población no es estática y con buenas condiciones de humedad y calor (primavera y otoño, en invierno en las casas cerradas) su producción es óptima.
Los lugares de localización preferente son donde las personas pasan más tiempo y por tanto es importante adoptar unas medidas para evitar su proliferación:
Dormitorio:
Resto del domicilio:
En general, hay que evitar objetos o superficies que acumulen polvo (moquetas, muñecas), sobre todo hay que tener una especial atención con los sofás y butacas, deben aspirarse cada 2 o 3 días.
Hay que ir con cuidado si se hacen viajes largos, ya que generalmente hay polvo en la tapicería de los vehículos, y si se hospeda en una casa que ha estado cerrada (por ejemplo una segunda casa). En este caso hay que realizar una limpieza importante, al menos 24 horas antes de entrar la persona alérgica.
Existen otras medidas para el control ambiental como son: acaricidas, aspiradores especiales, purificadores, filtros especiales, fundas de protección para cojines y colchón, etc., su evidente utilidad depende de no descuidar las recomendaciones más básicas, anteriormente citadas.