Es una de las enfermedades alérgicas más frecuentes (afecta casi a una cuarta parte de la población) y se manifiesta con la aparición de síntomas nasales (estornudos en salvas, secreción nasal acuosa, prurito nasal, congestión), oculares (prurito, lagrimeo, rojez), faríngeos (prurito, secreciones) y del oído (prurito).
Estas molestias se manifiestan de manera inmediata al respirar aquello a lo que el paciente es alérgico (polen, gato, polvo...) pero también de manera retardada: al cabo de unas horas de haberlo inhalado. Esto se debe a la inflamación que provoca la reacción alérgica y explica que muchas personas tengan las molestias de madrugada o por la mañana, no en el momento del alergeno.
En niños la causa más habitual es la alergia a los ácaros, animales u hongos. En adultos lo es al polen.
La intensidad de los síntomas dependerá del nivel de alergia de cada persona y de la cantidad de alergeno que respire (primaveras 'flojas' o 'fuertes'; trabajar al aire libre, convivir con un animal...).
Un pequeño porcentaje puede desarrollar asma. sinusitis u otitis serosa (acúmulo de mucosidad en el oído).
El diagnóstico se hace a partir de síntomas y las pruebas de alergia.
En adultos es muy habitual tener síntomas de rinitis sin tener alergia: son personas que tienen rinitis de otro origen. Puede tratarse de rinitis vasomotoras, irritativas, de poliposis nasal o sinusitis. En estos casos las pruebas de alergia son negativas, el paciente no relaciona claramente sus síntomas con la época del año o con alergenos conocidos.