Enfermedades alérgicas

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Dermatitis de contacto

 Se trata de una inflamación de la piel producida por el contacto directo con una sustancia.

Se puede producir por dos mecanismos:

  • No alérgico o irritativo: por una agresión física o química, se lesiona la piel. Se presenta con frecuencia en las personas que tienen contacto con el agente irritante. Ex.: detergentes.
  • Alérgico: es una reacción alérgica por sensibilización del individuo a una sustancia. Normalmente, no afecta a muchas de las personas que están en contacto con aquella sustancia y precisa exposiciones reiteradas para que se sensibilice.

A veces, se producen por un mecanismo mixto.

La causa más frecuente de sensibilización a las mujeres es el níquel (bisutería, monedas y otros objetos metálicos) y en el hombre es el cromo (cimiento, curtido de pieles, pinturas...). Otros causantes son: cobalto, gomas, resinas, antisépticos y antibióticos, perfumes, etc.

El aspecto de las lesiones es independiente del agente causal, aunque varía de apariencia según el lugar de afectación y el tiempo de evolución. Inicialmente, se producen lesiones con hinchazón de la piel y vesículas, que pueden ser exudativas (están como mojadas). Después, progresivamente, se va engrosando y secando la piel, dando lugar a descamación y a la aparición de fisuras. Producen prurito.

Para hacer el diagnóstico el médico tiene que ser muy buen detective: tiene que hacer una historia clínica muy detallada de todas la facetas de la vida laboral y cotidiana del enfermo para que no se le escape ninguna posible sustancia que pueda ser sospechosa. A veces el paciente ya ha identificado previamente al agente presumiblemente culpable.

Después, si se sospecha que la dermatitis es de origen alérgico (no irritativa), se pueden hacer unas pruebas de alergia de contacto conocidas como pruebas epicutáneas o parches: consisten en aplicar encima de la piel, con un sistema oclusivo durante 48 horas, las sustancias sospechosas, con la idea de reproducir la lesión. La lectura del resultado se hace normalmente a las 48 y 96 horas.

El tratamiento consiste en evitar el contacto con el agente causal. Cuando las lesiones son agudas y exudativas se pueden tratar con soluciones antisépticas y con compresas húmedas. En las fases más crónicas se tendrán que aplicar corticoides tópicos, hidratantes, queratolíticos, etc.

 

 

 
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