La dermatitis atópica o eczema atópico consiste en la inflamación de la piel en un paciente con una predisposición particular (atopia). Es una enfermedad benigna, pero molesta ya que puede durar mucho tiempo.
La sequedad de la piel es uno de los síntomas principales de la dermatitis atópica. El problema parece que es debido a una mala regulación de las grasas en la capa más superficial de la piel (córnea).
El cuerpo humano se defensa de forma natural, gracias a su sistema inmunitario. Algunas células de este sistema, que habitualmente sólo reaccionan en caso de heridas o infecciones, en los pacientes con dermatitis reaccionan sin causa aparente, que hace que la piel enrojezca y produzca molestias debido principalmente al picor. Este mismo sistema inmunitario alterado puede no responder bien al resto de funciones, lo cual explica que las zonas afectas de eczema puedan infectarse con más facilidad, con bacterias (estafilococos), virus (herpes) u hongos.
La dermatitis en los niños acostumbra a iniciarse a los 2-9 meses de vida, con placas localizadas, rojas, y con pequeñas vesículas exudativas, piel seca y mucho picor (prurito); el prurito es el síntoma principal de la dermatitis atópica, que hace que el niño con dermatitis suela ser muy inquieto e irritable.
En los niños más pequeños las lesiones se localizan fundamentalmente en la cabeza y en las manos. Habitualmente aparecen brotes sucesivos, más frecuentes en el invierno y con la ansiedad (guarderías, problemas familiares). Con el crecimiento del niño el eczema tiende a disminuir (a partir de los 18 meses o 3 años) y acostumbra a localizarse en lugares muy determinados: pliegue de los codos, de las rodillas, en las manos. En estas zonas, los brotes repetidos provocan la aparición de zonas de piel más espesa (liquenificación). A la edad de 10 años menos del 10% de niños aún presentan la dermatitis; ésta no influye con el desarrollo y no deja alteraciones en la piel.
Las complicaciones más graves suelen ser secundarias a las sobreinfecciones por la alteración de la inmunidad local ya comentada. Un porcentaje de estos niños atópicos presentará o desarrollará posteriormente una enfermedad alérgica respiratoria.
La presencia de estas lesiones cutáneas recurrentes con la sequedad residual de las zonas afectadas (casi siempre las mismas) tiene que alertar al paciente o a su familia de la posibilidad de esta enfermedad y obliga a consultar a su médico y al especialista de alergia.
El niño tiene que llevar una vida normal y sin restricciones, la alteración del medio familiar y escolar por esta enfermedad puede minimizarse con una buena supervisión médica y un tratamiento rápido y adecuado.
La mayoría de pacientes no requieren ningún régimen dietético, aunque algunos alimentos pueden provocar aumento del picor ya que llevan mucha histamina (producto que acostumbra a provocar el prurito en la piel), conservas, embutidos, tomate, quesos, chocolate, etc. Las verdaderas alergias alimentarias tienen que confirmarse con el estudio adecuado por su alergólogo.
Aunque la dermatitis atópica no se debe a ningún alérgeno en concreto, no todo es tan sencillo, ya que estas sustancias pueden tener un papel empeorador de la dermatitis i, aunque no se evidencie una alergia respiratoria (rinitis, conjuntivitis, asma), el paciente tiene que evitar el contacto con los alérgenos a los que sea sensible. En nuestro medio y con niños, fundamentalmente los ácaros del polvo doméstico.
Los pacientes con dermatitis atópica pueden presentar menos molestias dependiendo de la ropa que utilicen. Más que la materia de la ropa es importante el tacto; así el tacto suave es más bien tolerado siendo preferible el uso de algodón y se recomienda evitar productos sintéticos y lana.
Tratamiento:
Corticoides: el tratamiento más adecuado para el control rápido del eczema es la aplicación en la piel de cremas (pomadas, ungüentos) de corticoides. Estos son los únicos medicamentos realmente eficaces en el brote de eczema, pero se han de utilizar con prudencia y de acuerdo con la prescripción del médico. No se puede continuar mucho tiempo con su aplicación, la extensión se tiene que hacer con un capa muy fina y con un masaje delicado para facilitar la penetración del medicamento en la piel.
Si el picor es muy importante, se pueden utilizar medicamentos orales para mejorarlo (antihistamínicos), aunque se tiene que pensar que una piel bien hidratada no acostumbra a picar, así el médico le resaltará la necesidad de utilizar productos de limpieza no irritantes (panes o gel sin jabón) así como preparados para sobreengrasar e hidratar la piel.
Tanto las curas termales como la exposición moderada al sol habitualmente mejoran el curso de la dermatitis durante algunos meses.