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Recomendaciones de seguridad y calidad en Alergología
Publicat: 05/03/2018

 El objetivo del presente documento es proporcionar una serie de recomendaciones que permitan desarrollar la práctica clínica alergológica en ese contexto de calidad y seguridad, definiendo para ello las necesidades estructurales y los recursos humanos y de tiempo aconsejados para el desarrollo de dicha actividad.

Las enfermedades alérgicas pueden abarcar, desde un punto de vista clínico, un amplio abanico de situaciones: desde molestias banales hasta reacciones graves que pueden poner en peligro la vida del paciente, llegando a ser fatales. Las causas por las que las reacciones de alergia más graves se producen son igualmente amplias, si bien los fármacos y los alimentos constituyen los dos grupos más frecuentes, y a ellos se unen algunas pruebas diagnósticas y procedimientos terapéuticos específicos, como la administración de inmunoterapia con alérgenos.

Además del factor de gravedad clínica, en los pacientes alérgicos deben considerarse tanto el impacto que causa la enfermedad sobre la calidad de vida en su faceta personal y social como los costes directos e indirectos derivados de estas situaciones. Dichos costes son especialmente significativos en los países desarrollados, donde la incidencia de las enfermedades alérgicas es mayor, cifrándose en Europa, según la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (EAACI, por sus siglas en inglés), entre 55.000 y 151.000 millones de euros al año.

El progresivo crecimiento de la patología alérgica en nuestra sociedad se ha vinculado con cambios en el estilo de vida relacionados con el desarrollo, por lo que abordar la prevención primaria de las enfermedades alérgicas es tarea compleja. Sin embargo, la prevención secundaria, encaminada a la detección precoz de la enfermedad, y la prevención terciaria, encaminada a evitar el desarrollo y la progresión de las 11 REcomendaciones de Seguridad y Calidad en Alergología (RESCAL) manifestaciones alérgicas, son habitualmente abordables, para lo que se requiere la identificación de los agentes implicados, que se constituye en la clave del diagnóstico alergológico. En el caso concreto de la alergia o hipersensibilidad a fármacos y alimentos, el hecho de que un paciente se considere alérgico a ellos conlleva medidas de evitación que obligan al empleo de productos alternativos, que en el caso de los fármacos pueden ser más costosos, de menor eficacia o con mayor riesgo de efectos adversos.

Parece, por tanto, importante llegar a un diagnóstico concluyente de alergia con el fin de establecer las medidas preventivas adecuadas. En este sentido, los errores de clasificación basados exclusivamente en la anamnesis pueden influir en las opciones de tratamiento de un determinado paciente, y ello puede ser más perjudicial que un estudio completo de alergia a medicamentos, alimentos o respiratoria. Las herramientas clínicas que permiten el diagnóstico de certeza son una historia clínica completa, pruebas cutáneas estandarizadas, pruebas in vitro fiables y pruebas de exposición controlada para confirmar el diagnóstico o asegurar la tolerancia, en cada caso. De forma general, se pueden establecer dos niveles de intervención:

a) Diagnóstica: identificación del paciente alérgico y búsqueda de alternativas.

b) Terapéutica: procedimientos de desensibilización, inmunoterapia o administración de biológicos.

Si bien el riesgo de los distintos procedimientos de diagnóstico y tratamiento en la práctica de la alergología depende de diversos factores que se detallarán en los apartados correspondientes, de forma somera destacan:

’ El tipo de reacción de hipersensibilidad presentada.

’ Las características propias del paciente y su comorbilidad.

’ Los profesionales sanitarios que intervienen en los procesos.

’ Las infraestructuras sanitarias donde se desarrolla la actividad alergológica.

’ El procedimiento alergológico en sí mismo: pruebas cutáneas, pruebas de exposición controlada y desensibilización, entre otras.

Se entiende, pues, que los recursos tanto humanos como de tiempo y técnicos que se requieren para el desempeño de la práctica alergológica en condiciones adecuadas de seguridad y calidad varíen de unos a otros. En el presente documento se tratará  de adecuar los requerimientos necesarios al riesgo intrínseco de cada procedimiento en particular, señalando en qué forma se ha de modificar la actuación de acuerdo con las características particulares de cada paciente y entorno profesional. Se describirán, a modo de guía, los recursos estructurales y humanos necesarios para atender las patologías y los procedimientos de mayor complejidad, así como los que requieren tiempos prolongados de observación. Se ha convenido en definir como Hospital de Día de Alergología (HDdA) el lugar donde se garantizan las medidas de seguridad en los procedimientos alergológicos y cierto grado de comodidad o confort para el paciente cuando el tiempo de observación previsto sea superior a 2 horas, o cuando el riesgo inherente al procedimiento o derivado de la situación basal del paciente aconsejen medidas adicionales de precaución.